Supervisión transdisciplinar puede ser eficaz en el tratamiento del Autismo

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Supervisión transdisciplinar puede ser eficaz en el tratamiento del Autismo

Autismo SAA

Trastorno afecta el desarrollo psicomotor y la capacidad de socialización.

Datos de la Organización Mundial de la Salud señalan que cerca de 70 millones de personas presentan el Trastorno de Espectro Autista (TEA). Se estima que uno de cada 88 niños tiene rasgos de autismo, y es cinco veces más prevaleciente en el sexo masculino.

La Agencia Adventista Sudamericana de Noticias presenta la entrevista con la psicoanalista Izabel Tafuri en relación al TEA. Lea:

¿Por qué características se identifica el Trastorno de Espectro Autista?

Las principales características que los médicos, psicólogos, psiquiatras y pediatras observan son: la dificultad del niño de desarrollar la capacidad de conversación, y la incapacidad de hacerse entender por gestos o palabras. Tampoco logra mantener un vínculo por medio de la mirada, o sea, no mira el rostro de las personas.

Otro comportamiento es el que llamamos invariable; el niño necesita de una rutina estricta, todos los días tiene que suceder lo mismo. Por ejemplo, si algo en el cuarto cambia, o si los padres hacen un camino diferente a la escuela, tiene una crisis. Cada vez que la rutina se rompe, entra en estado de angustia. Además, son niños que no prestan atención a las indicaciones, como cuando se los llama por el nombre, y no logran establecer contacto con otros niños.

También es muy común que el trastorno sensorial esté asociado al autismo; el niño huye de ambientes con bullicio. También puede reaccionar mordiendo, golpeándose la cabeza contra la pared, agrediendo a quien está cerca, gritando, tapándose los oídos con las manos, etc. No hay un modelo, cada niño reacciona de manera diferente. Pero lo más común es aislarse y hacer cosas como mover las manos, saltar en punta de pie, etc.

Esa es una comprensión del mundo psiquiátrico y la psicología comportamental. Otra forma de entender el autismo es por medio del psicoanálisis, que intenta entender el mensaje que el niño está produciendo por medio de los estereotipos, que son su única forma de manifestarse al mundo.

Yo desarrollé una metodología de trabajo que es por medio de la replicación. La profesional identifica la estereotipia y comienza a hacer lo mismo. Imagine un niño que está saltando en punta de pie, y ahí usted comienza a hacer eso también. Él mira sus pies y se ve replicado en eso; es lo que llamamos identificación primaria. Él siente que usted lo entiende y que están interactuando. Entonces, saltar en punta de pie se vuelve un juego; de ahí se entra con ritmo, con espacio, salta en un lugar, en otro, más rápido, más lento… y el niño comienza a sonreír, a mirar, a jugar a otras cosas. Es un tratamiento muy diferente al clásico, que intenta “reparar” al niño, haciendo que abandone sus modos, medicándolo y “adiestrándolo” para que preste atención al ambiente a su alrededor, pero no podemos decir que uno está correcto y el otro, equivocado; son formas diferentes de comprender una misma patología.

¿A qué edad comienza a manifestarse el trastorno?

Puede ser desde los primeros seis meses de vida, cuando el bebé no responde a nada, ni a la mirada materna cuando está siendo amamantado, no sonríe, no emite sonidos, no juega… Pero se muestra de manera más organizada entre el segundo y tercer año de vida. La gran mayoría de los niños llega a nosotros para el tratamiento con un año y medio de vida, porque no logran desarrollar el habla, y eso es lo que más angustia a los padres.

Aun con el tratamiento, la persona ¿tendrá que convivir con los síntomas por el resto de la vida?

En mi experiencia clínica, la gran mayoría de los niños que llegan para el tratamiento cuando aun son pequeñitos, y que no tienen otros trastornos neurológicos asociados, va perdiendo las características autistas a medida que comienzan a hablar, jugar, etc. Otras permanecen con síntomas, poco o nada perceptibles.

Para nosotros, los psicoanalistas, la cura no significa la remisión total de los síntomas. Si, aunque manteniendo algunos gestos, el niño llega a ser funcional y sociable, consideramos que está curado. Muchos logran adaptarse a la escuela, interactuar, pero fallan en desarrollar la capacidad cognitiva de simbolizar la realidad, o sea, producir metáfora, metonimia, entender una broma o juegos del lenguaje. Desde el punto de vista médico, si queda cualquier rastro del trastorno, a la persona se la considera autista por el resto de la vida. Entonces, son formas diferentes de interpretar el concepto de curación.

¿Cómo debe ser el seguimiento de una persona con autismo?

Desde pequeñito, el niño necesita recibir un tratamiento multidisciplinario o interdisciplinario. La fonoaudiología evaluará su capacidad de hablar, en el sentido amplio del término; no solo si logra pronunciar una palabra, sino si es capaz de comunicarse, traduciendo sus sentimientos y necesidades con la palabra. Porque muchos niños autistas, por ejemplo, cantan toda una canción, pero no logran responder una pregunta. O sea, hablan pero no mantienen una conversación.

La psicoterapia desarrollará el sentido de “yo” y la capacidad de soportar la frustración. La psicomotricidad trabaja sobre el atraso en el desarrollo. La terapia ocupacional trabaja el trastorno sensorial. La psicopedagogía es un apoyo a las escuelas para un aprendizaje más individualizado. El seguimiento terapéutico consiste en un profesional cerca del niño en todos los lugares para ayudarlo a socializar.

Cada niño demanda un apoyo específico de interdisciplinaridad. Algunos solo necesitan psicoterapia, por ejemplo. Otros necesitarán seis o siete modalidades de tratamiento. Y, claro, el esfuerzo de la familia y de la escuela es fundamental en todo el proceso.

Hoy es el Día Mundial de Concientización sobre el Autismo. ¿Por qué cree que es necesaria una fecha para recordarlo?

Ah, ¡todavía existe mucho prejuicio! Muchas veces las personas creen que el niño no atiende a las indicaciones porque es maleducado o está haciendo una rabieta. Por este motivo, cuando está en ambientes sociales, los padres sienten temor y terminan aislando al niño, cuando lo que realmente necesita es apoyo. Y ese apoyo es la sensibilización de la sociedad.

Debemos aprender con los autistas otras formas de ver la realidad. Algunos de ellos llegan a adultos con habilidades extraordinarias; pintan o dibujan muy bien, escriben libros y poesías, tienen una sensibilidad grandiosa para la música, para matemática; en fin, potencialidades que, muchas veces, no se desarrollan porque no logramos darles un ambiente favorable para que así lo hagan. Es necesario que escuchemos a los autistas, en vez de solo querer observarlos, medicarlos y adaptarlos a nuestra realidad.

La especialista

Izabel Tafuri es psicóloga, psicoanalista, graduada en la Universidad Federal de Minas Gerais, con un Doctorado en la Universidad de São Paulo. Trabaja hace 30 años con atención clínica de niños autistas, da cursos, charlas en el área y clases en la Universidad de Brasilia.

Por Vanessa Arba

Fuentes: https://noticias.adventistas.org/