Instrumentos de paz y felicidad

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Instrumentos de paz y felicidad

Spring garden

Si bien no tengo demasiado espacio en la casa donde vivo, disfruto de poder arreglar un pequeño jardín que decora el ingreso al hogar. Cada momento de labor está acompañado de herramientas como tijeras, pala de mano, máquina bordeadora y rastrillo, que facilitan mi trabajo. Es muy gratificante tomar un tiempo para observar las condiciones en las que se encuentra el jardín antes de que pueda “poner las manos” sobre él, y luego ver el resultado de la tarea hecha con cuidado y dedicación.

Pero quizás lo más importante de esta labor es realizar una correcta evaluación de cuáles son las “necesidades” de cada planta en particular y también del jardín como un todo. Por ejemplo, en el trabajo con las plantas espinosas es necesario eliminar las hojas, que envejecidas, se van secando y detienen el crecimiento y desarrollo de las nuevas. Además también es necesario acercar un poco de tierra fresca (aporcar) en la base de la planta para que ella pueda obtener los nutrientes adecuados y de esta manera continuar viviendo. Por otro lado, las plantas de los canteros necesitan que su tierra sea removida para “airearla” y que también sea enriquecida con abonos naturales como provisión de lo necesario para su subsistencia. Pero hay una tarea que desde mi punto de vista es la “reina” de todas las actividades y se llama “desmalezar”.

Para desmalezar es necesario tener un extremo cuidado y atención, ya que al arrancar las plantas dañinas corremos el riesgo de llevar con ellas también aquellas que son buenas. las propias manos se tornan en la mejor herramienta para que a modo de “pinzas” se puedan quitar, una por una, las malezas que crecen inevitablemente en el jardín. Sin
embargo, lo llamativo de las malezas es que parecieran no necesitar del cuidado que el propiciado a las buenas plantas. Ellas crecen en lugares con un mínimo de sol, apretadas en alguna grieta de las baldosas o entre pequeños espacios que les permitan profundizar y extender sus raíces para obtener una mínima cuota de los minerales que necesita.

Esta lección del jardín puedo compararla con lo que también ocurre en mi vida. Aquellas virtudes, las que hacen de mi vida una bendición para mi entorno, necesitan ser cultivadas y trabajadas diariamente. Es menester dedicar el tiempo suficiente para que mi actitud positiva, mi buen humor y mi disposición a ayudar sean desarrolladas de tal manera que el círculo de mi buena influencia sea cada vez mayor. Dicho en palabras de Jesús: “Que la luz de ustedes alumbre delante todos, para que todos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Por otro lado, aquellas “malezas” que parecieran crecer naturalmente en mi vida necesitan ser erradicadas de raíz, como recomienda el apóstol San Pablo: “desechen la mentira… y todo lo que sea amargura, enojo, ira, gritería, calumnias y todo tipo de maldad”. (Efesios 4:25 y 31)

Que al finalizar este año que ya se escurre de las manos, decidamos trabajar en nuestra vida de tal manera que seamos instrumentos paz y felicidad para aquellos que nos rodean. Esa será la única forma de que podamos cumplir cabalmente los deseos para el año que ya comienza.

DR. MARCELO R. SIMI
Director General