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Nuestro comportamiento alimentario es volátil, si se puede decir así. Cuando dormimos, comemos más al otro día; cuando estamos enojados, estresados o ansiosos, ingerimos más grasa, azúcar y estimulantes. Por esto, no es extraño que cambie nuestro comportamiento alimentario en el período de invierno.

A finales del mes de abril y comienzo de mayo, los días se hacen más cortos, tienen menos horas de luz y más de oscuridad. Por eso, algunas personas tienden a sufrir depresión estacional, término acuñado para identificar un tipo específico de depresión relacionada con la caída de la luminosidad. Las personas depresivas sufren una alteración en la dinámica de algunas hormonas, como el cortisol (hormona del estrés), la serotonina (hormona de la felicidad) y la dopamina (hormona del placer).

El cortisol y la serotonina son inversamente proporcionales. Si durante la reducción de la luminosidad, aumenta el cortisol, la serotonina se reduce automáticamente. Con eso las personas se ponen más melancólicas, depresivas, ansiosas, irritables, y tienden a buscar en la comida una fuente de placer. Pero no se trata de cualquier comida. Se deben seguir algunos requisitos.

Los alimentos que aumentan la dopamina son aquellos que actúan en los receptores cerebrales responsables de la producción de la hormona del placer. Los carbohidratos son los predilectos, pero deben ser los de absorción rápida y sin fibra. Los alimentos integrales no generan una bomba de dopamina como lo hacen los dulces, las pastas, la papa, entre otros.

Villanos

Pero si el carbohidrato está asociado a la grasa, los estímulos son aun mayores. Los carbohidratos fritos, como la papa, la mandioca, el pollo frito, y los industrializados que también son ricos en grasas para aumentar el sabor del alimento (palatabilidad) y el tiempo de conservación, son alimentos altamente estimulantes para la producción de dopamina.

Como algunos acostumbran a decir, todo lo que es malo, puede ser peor. Cuando los carbohidratos y la grasa se asocian a algún estimulante, estamos delante de una bomba de placer, pero también delante de un alimento con alto poder adictivo. ¿De quién estamos hablando? Usted sabe: el chocolate. Este “alimento” ha sido el consuelo de muchas personas en el período de invierno, pero como es adictivo, su consumo no se restringe solamente a ese período: algunas personas se hacen dependientes.

Espero que usted esté entendiendo el motivo por el cual sus hábitos alimentarios se alteran en invierno. El problema, además de la cuestión de la adicción que estos alimentos pueden causar, es que estamos delante de productos muy concentrados en calorías que también contribuyen al aumento del peso. Muchos comienzan el invierno con un peso, sabiendo que las calorías extras ingeridas se llevarán a la próxima estación.

Ricardo Vargas
https://noticias.adventistas.org/es

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