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La forma en que vivimos nos ha privado la oportunidad de descansar adecuadamente.

Casi no existe en nuestra agenda diaria un tiempo exclusivo para el descanso.
Solemos escuchar “no tengo tiempo”, y vivimos una vida cargada de actividades, responsabilidades, desafíos, trabajo, informes, proyectos y compromisos que nos ha quitado un elemento vital: el descanso.

Muchas empresas brindan a sus empleados media hora para almorzar o en el mejor de los casos 40 minutos, sin mencionar que hacen en el mismo ambiente laboral.
Llegamos tarde a casa luego de trabajar, y todavía nos esperan actividades pendientes en el hogar.

Hay diversas razones por la que trabajamos más y descansamos menos. Una de ellas es la económica. El mundo laboral es cada vez más competitivo y nos obliga a trabajar cada vez más, no para ganar más dinero, sino apenas para mantener el mismo sueldo que antes.

Vivimos una sociedad demandante y consumista que cada vez exige más de nosotros y ofrece menos tiempo.

Los seres humanos nos hemos convertido en “haceres humanos”. Vivimos para “hacer” y no para “ser”.

Solemos invertir en muchas cosas. Invertimos dinero en un mejor auto, una mejor casa, una computadora para el trabajo o el estudio, un nuevo celular, pero pocas veces invertimos en alimentos más sanos, en hacer ejercicio, en pasar más tiempo con la familia o en tener mejor salud; en la mayoría de las veces lo hacemos recién cuando carecemos de ella.

Invertimos tiempo en películas, series televisivas, telenovelas, internet, redes sociales, entretenimientos y distracciones, pero rara vez invertimos tiempo en descansar.
Parece que no es parte de nuestra escala de prioridades y aparentemente “nunca hay tiempo para ello”.

Usamos microondas, lavarropas, comidas instantáneas, autos más veloces, computadoras más eficientes, conexiones más rápidas, pero a pesar del tiempo que nos ahorra, seguimos sin tener tiempo para relajarnos, reposar y descansar.

Dormimos cuando podemos porque no es una prioridad en nuestras vidas, cuando en realidad es una de las herramientas más importante para reducir nuestro nivel de estrés.

El descanso es algo vital, al igual que la respiración, lo que significa que si no descansamos, tarde o temprano nuestro cuerpo no soportará la exigencia.

No dormir en los horarios adecuados y la cantidad de horas necesarias afecta de manera directa el funcionamiento de nuestro cuerpo y mente. Descansar es esencial para la salud y el bienestar.

Dormir no es sinónimo de descanso. Dormir 8 horas por días es suficiente, sin embargo, si nos disponemos a descansar a partir de las 22.00 horas nuestro sueño será realmente reparador y efectivo. Nos ayuda a sentirnos descansados física y emocionalmente. El sueño ayuda a combatir infecciones, prevenir la diabetes, reducir el riesgo de ataque al corazón, prevenir la obesidad y la hipertensión.

El descanso adecuado nos ayuda a tener mejor sentido del humor y nos fortalece para hacerle frente a las presiones, angustias, ansiedades y preocupaciones de la vida.
Nos ayuda a rendir mejor en el trabajo y en el estudio. Nuestro sistema nervioso se equilibra.

Nuestro Creador sabe que necesitamos descansar, y es por eso que ha diseñado un día para hacerlo, como un remedio y tratamiento a las enfermedades mentales, físicas y emocionales como el estrés, la ansiedad, y la depresión, mejorando las relaciones vitales con la familia, amigos y compañeros.
Ese día de descanso en la Biblia es el sábado. Del principio hasta el final de la Biblia se presenta al sábado como un regalo, una bendición para el ser humano (Marcos 2:27-28).

El consejo de salud por parte de Dios es que en éste día, dejes de lado tus quehaceres cotidianos, el trabajo, y descanses.
Cada sábado, dedícalo a descansar en Dios colocando tu confianza en Él y disfruta de su amor y de cuidado hacia ti. En este día comparte tiempo de calidad con tu familia y amigos. (Éxodo 20:8-12).

Jesús nos invita a descansar cuando dice: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” (Mateo 11:28 NVI).

Amigo lector, hoy te desafío a poner en práctica este consejo: “Descansa”.

El descanso te fortalcerá.
Descansa para vivir mejor.
Planifica descansar cada día, e invierte en descansar una día por semana.
Pequeños cambios lograrán grandes beneficios.

Sinceramente:

Lic. Milton Wasiuk – Capellán
Sanatorio Adventista de Asunción

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